La Patagonia - Chile
¡Nuestra aventura en el blog continúa y nos lleva a la Patagonia de 2020! Hoy empezamos con la primera etapa en el lado chileno. ¿Nos acompañan?
Viaje Patagonia 2020
Salimos de Santiago temprano por la mañana, viajando ligero — madre e hija, una vez más combinando viaje y aventura.
El vuelo hacia el sur duró unas 3 horas y media. El paisaje bajo el avión se volvía cada vez más abierto y austero. Al aterrizar en el aeropuerto Teniente Julio Gallardo, la primera impresión fue clara: viento, calma y una sensación de estar lejos de todo.
A la salida nos esperaba Rodrigo Díaz, guía privado, con quien ya habíamos coordinado el traslado y las actividades. Puntual, atento y muy profesional, desde el primer momento transmitió confianza y un buen conocimiento de la zona, algo clave para moverse por la Patagonia sin imprevistos.
El trayecto hasta el centro de Puerto Natales fue breve. Casas bajas, calles tranquilas y el fiordo apareciendo entre ellas marcaron la llegada. Nos alojamos en el Hostal Baquedano, una opción sencilla, céntrica y con muy buena relación calidad-precio. No es un hotel de lujo, pero sí cómodo y bien cuidado. Un detalle que no pasó desapercibido fue su escalera interior, decorada con pequeñas conchitas de mariscos, un guiño sencillo al entorno marítimo de la zona.
Después de dejar las maletas, salimos a recorrer el centro a pie. La ciudad se mueve a otro ritmo y es fácil orientarse caminando. El viaje recién comenzaba y Puerto Natales era el punto de partida perfecto para los días que vendrían.
Día 1: primera visita al Parque Torres del Paine
El primer día lo dedicamos a definir las excursiones según el tiempo disponible. No contábamos con muchos días y tampoco con margen para caminatas largas, así que necesitábamos un plan realista.
Fue Rodrigo Díaz, nuestro guía privado, quien nos propuso distintas opciones adaptadas completamente a nuestras posibilidades de tiempo. A partir de ahí, acordamos una combinación de recorridos en camioneta y caminatas cortas, una fórmula ideal para conocer bien la zona sin ir con prisas.
Con el plan ya claro, ese mismo día entramos por primera vez al Parque Nacional Torres del Paine. Salimos desde Puerto Natales y el trayecto ya anticipaba lo que vendría: estepa abierta, cielos inmensos y las montañas apareciendo poco a poco en el horizonte.
Un punto a destacar del día fueron los picnics organizados por Rodrigo, pensados al detalle y completamente adaptados a nuestras necesidades. Comida vegana, bien presentada y muy cuidada: mantel, aperitivo, una pequeña entrada, plato de fondo y postre. Además, nunca faltaban una bolsita con nueces y frutas secas y agua para el camino, algo que se agradece especialmente en un entorno tan abierto y ventoso.
Dentro del parque, el recorrido fue pausado y bien estructurado. Varias paradas estratégicas, caminatas cortas y tiempo suficiente para observar, hacer fotos y escuchar las explicaciones del guía. El uso de la camioneta permitió abarcar más zonas sin perder calidad en la experiencia.
Para ser el primer día, y considerando el tiempo limitado del que disponíamos, fue una excelente introducción al parque y al ritmo que marcaría el resto del viaje.





Dia 2 & 3: Parque Nacional Torres del Paine:
un recorrido por el parque, más allá de las Torres
El Parque Nacional Torres del Paine es mucho más que las famosas Torres. En nuestro recorrido, de hecho, el protagonismo no estuvo puesto en ellas, sino en el parque como conjunto: lagos, estepa, viento constante, fauna y, sobre todo, los Cuernos del Paine, que nos acompañaron visualmente durante gran parte del día.
El itinerario combinó tramos en auto con caminatas planificadas, siguiendo el circuito del parque. Desde el comienzo, el viento fue una constante, marcando el carácter del paisaje y la experiencia. Avanzamos bordeando el Lago Nordenskjöld, cuyas aguas agitadas reflejan bien la fuerza del entorno. Desde distintos puntos del camino, los Cuernos dominan el paisaje, con una presencia continua y cambiante según la luz.
Las paradas estaban previstas y permitían bajar del auto para caminar lo necesario y observar. Una de esas caminatas programadas fue al Salto Grande, donde el ruido del agua se mezcla con el viento permanente. El salto conecta el lago Nordenskjöld con el Lago Pehoé, cuyo color turquesa opaco resalta incluso en condiciones climáticas adversas.
Más adelante, el paisaje se vuelve más abierto al llegar al Lago Toro, el más extenso del parque. Allí realizamos una caminata prevista hasta el mirador del Lago Toro, subiendo a pie pese al viento constante. Desde arriba, la vista permite entender la escala del parque: el lago extendiéndose entre la estepa y la cordillera, con un horizonte amplio y austero.
La fauna estuvo presente durante todo el recorrido. Fue común ver guanacos y aves, y especialmente cóndores, que volaban a baja altura aprovechando las corrientes de aire, una imagen que resume bien la sensación de amplitud y libertad del lugar.
No fue una experiencia centrada en “llegar a las Torres”, sino en recorrer el parque. En combinar auto y caminatas planificadas, aceptar el viento como parte del paisaje y observar con atención. Torres del Paine, entendido como parque, ofrece mucho más que un solo objetivo: es un territorio que se recorre y se vive en su conjunto.






